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Il Mostro di Tecolutla
Fue a finales de 1972 cuando escuché por primera vez la historia del “Monstruo de Tecolutla”. Por aquellos años se transmitía un programa de radio pionero en los temas paranormales. El nombre del programa escapa a mi memoria, pero la estación era Radio Capital. La música de rock progresivo era el pretexto o telón de fondo para presentar casos de avistamientos OVNI, casas encantadas, fenómenos forteanos o animales desconocidos.
Como ambas cosas me interesaban (el rock y los fenómenos paranormales), no era raro que todos los sábados para amanecer domingo (23.00 a 02.00 horas) me acomodara para escuchar la radio. Grupos tan conocidos como “Emerson, Lake and Palmer”, “Yes”, “Pink Floyd”, “Jethro Tull”, se mezclaban con otros que no lo eran tanto, o que luego se harían famosos, como “Brian Eno”, “Capitan Beefhearth”, “Kraftwerk” y otros. Indudablemente ese programa influiría en mis gustos musicales y paranormales.

Pues bien, un día al lado de esos monstruos del rock aparecería otro monstruo, pero esta vez marino. En la cabina se recibió la llamada de un nativo del pueblo pesquero de Tecolutla (México). Recientemente había cambiado su residencia a la ciudad de México. Tenía gustos similares a los míos, por lo que pronto se encontró escuchando la misma estación de radio. Hablaba para informar la aparición de un monstruo en las playas de Tecolutla. Daba la descripción del animal: enorme, como una serpiente, de color oscuro. El cuerpo estaba parcialmente mutilado, descarnado por los tiburones. No se parecía a nada conocido. No había animal que presentara sus características… por lo menos actualmente. El testigo informaba que o se trataba de una enorme serpiente marina o era un animal emparentado con el monstruo de Lago Ness, del que se había hablado en otro programa.
Poco más fue lo que se dijo. Por lo menos eso es lo que recuerdo. Lo único claro es que el programa originó una anotación en mis cuadernos de notas. En el futuro, a
la primera oportunidad, iría a Tecolutla para recabar más información. Pero esa oportunidad se presentaría hasta 25 años después.
ENTRE CRIPTOZOÓLOGOS Y FORTEANOS
Mientras tanto leí varias descripciones del monstruo. La mayoría, si no todas, provenían del extranjero. Ni siquiera la revista “Duda” se ocupó del asunto. Creo que Tomás Doreste sí lo hizo en alguno de sus libros, pero no he encontrado la referencia. Pero, por otra parte, la Sociedad Forteana, en el número 71 de su “INFO Journal”, al lado de artículos como “El tesoro de la Isla Oak”, “OVNIS soviéticos” y el “Bigfoot granuja”, publicó el primer artículo sobre el monstruo de Tecolutla.

Luego algún otro criptozoólogo, como Mark Chrovinsky, escribiría algunas notas sobre el asunto para “Fate”. Chrovinsky, a grandes rasgos decía:
“Treinta y cinco toneladas de algo se encontraron en la playa de Tecoluta en marzo de 1969 y, fuera lo que fuese, ciertamente recibió mucha publicidad. La extraña carcasa con cuerpo parecido al de una serpiente fue cubierta con una gruesa armadura. Un hueso de unos tres metros de largo, que algunos dijeron era un colmillo, y que se estimó que pesaba una tonelada, salía de su cabeza. Según el cable de la UPI, los biólogos pensaban que era un narval, los cuales tienen un gran cuerno, pero luego de ver la carcasa ‘no pudieron decir a qué tipo de animal pertenecía’. La prensa internacional reportó que era un monstruo prehistórico lo que había encallado en Tecoluta.
“Una comisión de siete científicos reportaron en abril de 1969 que el monstruo era una ballena rorcual, conocida como ballena aleta dorsal. El monstruo de Tecoluta pudo haber sido una ballena, en lugar de un dinosaurio, pero eso no detuvo la llegada de muchos curiosos de todo el mundo. Los científicos insistieron en enterrar la criatura, que se descomponía rápidamente, ya que dijeron que no se podía sacar ninguna lección de esto. Después de una gran batalla política, el alcalde de Tecoluta se negó a enterrarla y la mantuvo como atracción turística, a pesar del fétido olor. Los científicos estuvieron satisfechos con la explicación que, curiosamente, no coincide con el enorme cuerno de una tonelada”.
Aparte del error en el nombre, no había nada nuevo en la historia desde que fue contada por los forteanos.
Otro criptozoólogo, que se identifica como “Megaraptor”, creyó encontrar la identidad del monstruo de Tecolutla. Según él, se trata del “caballo de mar” descrito por Bernard Heuvelmans en 1965 (1), y que fuera visto por Olaus Magnus en 1555.
Heuvelmans da por hecho la existencia de una nueva especie de monstruo marino. Lo describe y adelanta una taxonomía: Clase: Mammalia; Orden: Carnivora; Suborden: Pinnipedia; Familia: Halshippidae (nueva familia); Género/Especie: Halshippus olaimagni.
Según Heuvelmans, el caballo de mar es la misma especie de la serpiente de mar cadborosaurus willisi. Afirma que se han capturado algunos individuos, incluso uno dentro de la panza de una ballena de esperma (cachalote). Todavía más, dice que se capturaron dos bebés cadborosauros. Su cuerpo estaba cubierto con pelos. Dentro de toda la fantasía de Heuvelmans podemos rescatar dos puntos: el caso del animal encontrado en la “panza” de un cachalote, y los cuerpos cubiertos con pelos. Mantengamos estos dos puntos pendientes.
La descripción del halshippus olaimagni (el caballo de mar de Olaus Magnus) dada por Heuvelmans es la siguiente:
“Es un animal alargado, con forma de serpiente, cuya cabeza parece la de un caballo o camello, pero mucho más ancha, con una forma de diamante (si se la mira desde el frente). De enormes ojos negros, de tonalidades rojizas o verdosas, según el ángulo de la luz. La boca es ancha, con labios ligeramente coloridos. En la nuca crece una especie de cabellera y con algunos pelos sobre la cara que, incluso, llegan a formar un bigote. La cola es una especie de aleta que se bifurca. La piel es muy suave y brillante, de un color que va de café oscuro o gris acero hasta negro. La longitud varía de diez a 30 metros”.
Megaraptor dice que el monstruo de Tecoluta (sic) “alcanzó una longitud de 27 metros. El cuerpo era largo y estaba cubierto con una armadura. La cola era bilocada, como la de las ballenas. Su color era negro, con una raya blanca (…) La cabeza tenía un cuerno en su extremo, que pesaba una tonelada. La boca tenía dientes de cuatro centímetros (…) Otra carcasa parecida fue encontrada en el Golfo de Fonseca, en San Salvador, en 1928”.
Esto es poco más o menos lo que se sabe del monstruo de Tecolutla, vía la criptozoología. Veamos ahora lo que hay detrás del mito.
UN PARAÍSO LLAMADO TECOLUTLA
A vuelo de pájaro, la playa más cercana a la ciudad de México es Tecolutla, en el Estado de Veracruz. Por carretera se encuentra a sólo cuatro horas de la ciudad de México. Se debe tomar la carretera Pachuca-Tulancingo-Poza Rica y luego dirigirse a Papantla, pasando por Tajín y su espectacular pirámide de los nichos. Al llegar a Papantla, se toma la carretera federal hasta llegar a Gutiérrez Zamora. De dicha población se toma la carretera estatal para llegar a Tecolutla.
La ciudad se encuentra en la latitud 20° 29’ N, longitud 97° 00’ W. Su altitud es de diez metros, y abarca una superficie de 471 km2, y más de 20 kilómetros de playas (parte de la Costa Esmeralda). Está en la desembocadura del río Tecolutla. Clima con una temperatura media anual de 23° C; su precipitación pluvial media anual es de mil 494 mm.
Existe una gran variedad de animales silvestres, donde sobresalen principalmente los cangrejos, conejos, ardillas, reptiles (tortugas y lagartos) y aves (águilas, garcetas, pelícanos, y en teoría, búhos o tecolotes). La vegetación es de selva tropical, con árboles de madera blanda como el guarumbo, chancarro, además de jonote, guanacaxtle y sangrado.
Es la cabecera del municipio que pertenece al cantón o provincia de Papantla. De acuerdo con el censo del 2000, su población es de 25 mil 680 personas.
El río Tecolutla fue descubierto por Juan de Grijalva el 29 de junio de 1518. Mediante convenio entre el gobierno italiano y el presidente Benito Juárez, en 1857 se permitió el desembarco de 60 familias italianas para colonizar la zona.
Tecolutla significa, literalmente, “abundancia de tecolotes” (lechuzas, búhos), de tecolotl ‘lechuza’ y -tlan ‘donde abundan’. El tecolote, del náhuatl tecolotl (raíz: col- ‘doblar; curva’) es el búho. Pero, desgraciadamente, este animal ya es escaso en la región, debido a la tala inmoderada de los ganaderos que utilizan gran parte de la zona para sus animales.
El sitio es un paraíso que lo tiene todo. El que así desee puede viajar en canoa por los manglares o el estero. Existen actividades de rafting y carreras de lanchas. Las playas son interminables y el complejo hotelero posee buenas instalaciones (para todos los bolsillos). Hay áreas muy seguras para acampar y los cielos son lo más claro que uno pueda imaginar (las estrellas están al alcance de la mano). En este paraíso es donde decidió terminar sus días el famoso monstruo. Una decisión nada equivocada.
FRENTE A FRENTE CON EL MONSTRUO
Mi primera visita a Tecolutla se dio en el marco de un estudio de corrosión para la Refinería de Poza Rica, en 1997. Aprovechando la ocasión visité, cómo no, El Tajín, Papantla y sus “voladores”, y finalmente Tecolutla. No tuve mucho éxito, pues ni siquiera supe de la existencia del Museo Marino de Tecolutla, en donde se guardan los restos del animal, porque en ese entonces se encontraba cerrado. Los viajes por los esteros, la contemplación de la fauna (viva), los bikinis, el rafting y otras actividades, distrajeron mi atención del motivo principal de mi visita. Las respuestas tendrían que aguardar otros años.
He viajado a Tecolutla en seis ocasiones. Poco a poco he ido rescatando los retazos que quedan de aquella historia. Las nuevas generaciones no conocen, ni les importa, la historia del monstruo. Los testigos, en su mayoría, han emigrado o ya están muertos. Son pocos los registros escritos, y mucho menos los fotográficos.
En una de estas visitas ubiqué el Museo Marino de Tecolutla (dirección: Carlos Prieto, esquina Miguel Hidalgo; teléfono: (784) 600 03 602 42; horario: 8 a 14; 15 a 20 horas, todos los días, excepto los martes). Fue reinaugurado (2) el 21 de noviembre de 1997. En él se exhiben diversos especímenes, vivos y muertos, de la fauna local. La estrella (para mí) es el cráneo del monstruo de Tecolutla.
Ni en mis sueños más locos me imaginé estar frente al cráneo de un monstruo, pero ahí estaba. Una enorme masa de huesos que muestran el cráneo y el maxilar superior. ¿Pero las fantasías pueden encarnar, o por lo menos tomar, huesos a falta de carne? Ahí frente mío estaban esos restos de algo que se describió como monstruo marino. Los criptozoólogos y los forteanos tenían razón, después de todo.
Bueno, tal vez los OVNIS no sean extraterrestres, pero de que hay monstruos marinos, los hay. Esos huesos eran la prueba… y también eran el origen de un enorme malestar de este escéptico recalcitrante. Ningún vendedor de fantasías me lo estaba contando. Ahí estaba yo viéndolo, viviéndolo, sufriéndolo. Lo peor de todo es que no tenía argumentos para negarlo: no era una mala identificación de Venus; no era un fraude maussanesco; no eran los pisos carcomidos de la casa de la colonia Condesa que sonaban como raps; no era el chupacabras, hijo del Frankestein periodístico, que había ayudado a enterrar en México. No. Ahí estaba el auténtico, imborrable, no soslayable, monstruo tecolutleño.
Respuestas. Eso era lo que necesitaba de inmediato. Y como algún vendedor español de fantasías decía, la suerte no existe, alguien superior guía nuestros pasos. En este caso ese ser superior (3), me hizo voltear la vista y observar una serie de dibujos que describían la historia del monstruo.
Las pinturas, de una fuerte carga naif, mostraban e informaban que una ballena, para más señas una rorcual, era lo que había encallado en Tecolutla en 1968. Bueno, si esos dibujos lo decían, así debería ser. Sólo que yo no soy zoólogo marino y mis conocimientos en biología son más que rudimentarios. Yo no podría decir si el cráneo y el maxilar pertenecían a una ballena o a un monstruo marino. Lo mejor era investigar más. Dos eran las vertientes que se podían seguir: localizar a testigos presenciales del avistamiento; e investigar sobre los huesos de las ballenas.
HABLANDO CON LOS TESTIGOS
En otras ocasiones había intentado localizar a cualquier persona que hubiese visto al animal. No había tenido éxito. No existen periódicos locales en Tecolutla. Es Poza Rica la ciudad que cubre esta función, pero en La Opinión no conocían del asunto, y lo que es peor, no habían guardado los ejemplares de aquellos años: el servicio de hemeroteca es muy rudimentario. Por aquí no pude llegar a nada.
En el Palacio Municipal tampoco sabían del “monstruo”. Hasta que mencioné el cráneo de la ballena que se encontraba en el Museo Marítimo, alguien me dijo que contactara con “Capricho”. Este personaje parece ser una especie de cronista del pueblo. Tiene un humilde restaurante con un quiosco de revistas. La mujer que me atendió (¿su esposa?) no quiso soltar prenda (“¿Quién será este fuereño entrometido que viene a preguntar por Capricho?”). La suspicacia de la señora me impidió conocer si “Capricho” es su nombre o su apodo; si es fotógrafo; si trabaja para La Opinión; si ella es su esposa…
Lo único que supe es que “Capricho” trabaja en Poza Rica (4), sospecho que como fotógrafo para La Opinión; que va y viene todos los días a su trabajo; que tenía fotografías del “monstruo” (¿obtenidas por él mismo?), pero que todo ese material se perdió en la inundación (5).
El que guía mis pasos parece que me había abandonado. Pero pronto tendría un reencuentro con él. En el mismo Palacio Municipal me informaron de la existencia de otro testigo: un pescador de nombre Alejandro Salas Pérez. “Lo puede encontrar en el embarcadero. Allá trabaja y ahí tiene su casa”, me dijeron. Y hacía ahí dirigí mis pasos.
Don Alejandro es un hombre sencillo de mar. Curtido por cincuenta y tantos años de recibir la brisa marina y los rayos del Sol, se dedica, entre otras cosas, a hacer paseos con los turistas hacia los esteros y manglares. Fue él mismo quien pintó los cuadros que se encuentran en el museo.
Él fue testigo del izamiento del monstruo. El animal quedó varado no en el pueblo de Tecolutla, como todos dicen, sino a unos diez kilómetros al sur, en un lugar llamado La Vigueta, perteneciente al mismo municipio.
“Fue el 18 ó 19 de marzo de 1968 –empieza por contarnos don Alejandro–. Yo estaba a punto de ir a Poza Rica cuando nos dijeron que habían encontrado ese animal en la playa de La Vigueta, cerca de Casitas y Flores Magón” (6).
Sin embargo, en los carteles que sirven como “pie de foto” para las pinturas del museo, se menciona que fue el 14 de marzo. Se dice que parecía una “lancha volteada”, que se había avistado a las 6:00 a.m.
“Era un animal enorme. No tenía forma de ballena, parecía un gusano gigante. Algunos confundieron las aletas y dijeron que eran cuernos. La cabeza estaba semidescarnada: las fibras colgaban como pelos de gusano (sic), como una melena”.
POR LAS BARBAS DE NEPTUNO Y LOS PELOS DEL MONSTRUO DE TECOLUTLA
¿Una melena? ¿Pelos de gusano? Un momento. ¿Acaso no es la misma descripción que dio Heuvelmans de los bebés cadborosauros? ¿Y la melena que crece en la nuca del halshippus olaimagni? El “monstruo” encontrado por un barco japonés en aguas de Nueva Zelanda también muestra esos “pelos”. No tengo idea de lo que sean esos “pelos”. Esto es parte de una posterior investigación en la que me deberé involucrar con algún zoólogo marino. Pero no hay duda de que tenemos frente a nosotros el mismo fenómeno, y que don Alejandro no miente y estuvo ante al famoso monstruo.
Según los testigos, se le veían algunos huesos y jirones de carne. No se le podía identificar y se pensó que se trataba de algún dinosaurio. Hacia las 14 horas, al bajar la marea, se pudo acceder al animal. La gente pensaba que podrían obtener mucho dinero con el “marfil de los huesos”, por lo que comenzaron a destazarlo sobre la playa. Probablemente aquí fue cuando se perdió el maxilar inferior, el famoso cuerno o colmillo del que habla la leyenda y los criptozoólogos, mismo que haría que algunos lo identificaran con un narval.
Los cortes hechos por los pescadores, junto a las mordidas de los tiburones (7), convirtieron los jirones de carne en fibras colgantes, que le daban su extraño aspecto de gusano peludo, dificultando aún más su identificación.
“Se decidió pedir ayuda a PEMEX –continúa Don Alejandro–, para traer la carcasa hasta Tecolutla. Se utilizó un trailer con plataforma de 15 metros (8). El animal fue levantado con una grúa. Finalmente fue colocado en la playa, frente al faro”.
El cuerpo del animal fue llevado a Tecolutla el día 16 de marzo, cuando obviamente la pestilencia era enorme. Ahí se sacaron fotografías, pero en ellas es imposible identificar al animal debido a los ataques de los escualos, los destrozos de los humanos y el tiempo que había pasado.
Don Alejandro insiste en que el animal era una ballena rorcual. En la descripción gráfica que hace del suceso, menciona una y otra vez una rorcual, o ballena azul.
“Durante años a nadie le interesó el animal. Yo me quedé intrigado y comencé a investigar. Finalmente encontré algunas fotos de cráneos de rorcuales y de inmediato supe que el ‘monstruo’ era, en realidad, una ballena”.
Se recogió el cráneo y maxilar superior y con ellos se fundó el primer museo marítimo de la localidad.
Tiempo después aparecerían otros “monstruos”. En abril o mayo de 1976 encalló un cachalote, frente al Hotel Tecolutla. Se recuperaron dos huesos del maxilar. Medía unos 12 metros. Los restos fueron enterrados frente al faro. En diciembre de 1991 una ballena piloto de cuatro metros varó frente al Hotel Marsol. Probablemente murió por parásitos. No traía comida en el estómago.
Don Alejandro insistía en que era una ballena azul, pero yo, aunque no soy zoólogo marino ni vivo en un lugar cercano al mar, creo que se trata de otra especie. En particular pienso en el cachalote (physeter macrocephalus) o ballena de esperma.
Trataré de aportar datos a mi teoría, comenzando por analizar las características de cada uno de estos animales.
RORCUALES
De entre estos animales podemos contar las especies que se ven en la tabla siguiente. Veamos las características de cada una de ellas, para luego compararlas con las de los cachalotes y, finalmente, las del supuesto “monstruo” de Tecolutla.
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Clasificación |
Nombre común |
Pacífico Norte |
Mar de Cortés |
Pacífico Tropical |
Golfo de México |
Mar Caribe |
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Balaenoptera acutorostrata |
Rorcual minke |
X |
X |
X |
X |
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Balaenoptera physalus |
Rorcual común |
X |
X |
X |
X |
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Balaenoptera musculus |
Ballena azul |
X |
X |
X |
X |
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Balaenoptera borealis |
Rorcual de Sei |
X |
X |
X |
X |
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Balaenoptera edeni |
Rorcual tropical o de Bryde |
X |
X |
X |
X |
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Megaptera novaeangliae |
Rorcual jorobado |
X |
X |
X |
X |
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Balaenoptera acutorostrata
Nombres comunes: Rorcual minke, ballena minke (minke whale).
Esta ballena, el más pequeño de los rorcuales, habita todos los océanos del mundo, pero prefiere las aguas templadas y frías, por lo que su población es escasa en los mares tropicales. Al nacer miden unos tres metros y se desarrollan hasta alcanzar los ocho. Su característica externa más notable es una franja transversal de color claro en las aletas pectorales. Frecuentemente saltan y marsopean al viajar.
En México (Golfo de California), se cuentan con 25 registros de esta especie, la mayoría en el Canal de Ballenas. De esos registros, cuatro corresponden a ballenas varadas (encontradas muertas), dos en el Golfo de Santa Clara y los dos restantes en la Bahía de San Luis Gonzaga. Todos ellos en el Pacífico. En el Golfo de México se han contabilizado once varamientos durante los meses que cubren el invierno y la primavera. Todos han sido en la costa norte.
El tamaño de nuestro “Monstruo” era de aproximadamente 15 metros. La rorcual minke queda descartada. Además, don Alejandro no la menciona como origen de nuestro monstruo.
Balaenoptera physalus
Nombres comunes: Rorcual común, ballena de aleta (fin whale), ballena boba.
Al igual que la Minke, son escasas en aguas tropicales.
Una de sus principales características es la coloración asimétrica, más oscura (gris oscuro) en la parte izquierda del cuerpo. El dorso también tiene esta coloración, mientras que el vientre es claro. A veces presenta pálidas líneas detrás de la cabeza.
Posee una aleta dorsal falcada situada en el tercio posterior del cuerpo. El soplo columnar es alto. Gran nadadora. Cubre distancias de aproximadamente 300 kilómetros por día, a una velocidad de hasta 37 km/h.
El período de gestación es de casi un año. Las crías nacen con una longitud de unos seis metros, para luego alcanzar los 24, en el estado adulto. Es el segundo cetáceo en tamaño, después de la ballena azul. Parece que su población es escasa en México, aunque se han reportado varamientos desde el Alto Golfo hasta la Bahía de La Paz, pero no se tienen registros de esta especie en la boca del Golfo de California. En el Golfo de México sólo se sabe de seis varamientos y seis avistamientos entre los 28º y 30º N. El “monstruo” de Tecolutla no tenía el vientre blanco. Descartada la rorcual común.
Balaenoptera musculus
Nombres comunes: Ballena azul, rorcual gigante (blue whale).
La famosa ballena azul recibe este nombre por la coloración jaspeada azul-grisácea con motas claras que presenta en su porción dorsal. Son los gigantes de la actualidad. Los machos alcanzan unos 24 metros de longitud, en promedio, las hembras suelen ser más grandes. Las crías miden al nacer cerca de ocho metros y el período de gestación es de once meses.
Son dos las áreas en donde se concentran estos gigantes durante el invierno y la primavera: El “Domo de Costa Rica” (aproximadamente en los 9º N, 89º W) y las costas de la Península de Baja California.
En México, nuevamente se les puede encontrar a ambos lados de su territorio. En el Pacífico se les ha visto desde San Felipe hasta Los Cabos en la costa sur occidental del Golfo de California. En el Golfo de México sólo se conocen dos registros, ambos de varamientos en la costa de Texas, lo que indica que esta especie es muy rara en esta zona.
Esa rareza, el color y el tamaño nos pueden ayudar a descartar a esta ballena, que es la que don Alejandro identifica como el monstruo de Tecolutla.
Balaenoptera borealis
Nombres comunes: Rorcual de Sei, ballena boba (sei whale).
Con crías de cinco metros, la ballena boba llega a alcanzar longitudes de hasta 18 metros. Las hembras son un poco más grandes que los machos a una misma edad.
Prefieren las aguas frías y templadas, lejos de las costas, pero al llegar el invierno se les puede ver desde el Archipiélago de las Revillagigedo (18º 30' N) hasta el Golfo de California. En el Golfo de México se conocen tres varamientos de esta especie: en las costas de Mississippi y Louisiana, en los Estados Unidos, y en Campeche, en México. Estos sucedieron en invierno y primavera. El color no coincide con el del animal encontrado en Tecolutla.
Balaenoptera edeni
Nombres comunes: Rorcual tropical, bruda (bryde's whale).
Esta especie presenta tres crestas longitudinales en la porción dorsal de la cabeza, que no se encuentran en las otras rorcuales. También se diferencian de las otras ballenas en su gusto por las aguas tropicales y subtropicales.
Su tamaño va de los 4.3 metros al nacer, a los 14 en la edad adulta.
Según un informe de Greenpeace México:
“En la costa occidental de la Península de Baja California se pueden observar en las aguas cercanas a Bahía Magdalena. En el Golfo de California existen numerosos registros de esta especie: es la ballena más común del Golfo. Es frecuente especialmente durante el verano y el otoño en la región de las Grandes Islas, especialmente en Canal de Ballenas, en las aguas cercanas a Loreto y en La Bahía de La Paz, aunque se tienen registros al norte, en el Golfo de Santa Clara, y al sur, en Los Cabos y Bahía de Banderas”.
En dos ocasiones se encontraron brudas varadas en costas del Pacífico mexicano: una en Isla Ángel de La Guarda y la otra en la Bahía de La Paz.
Esta es la especie más común en el Golfo de México. Se han reportado seis registros, tres varamientos y tres avistamientos, todos ellos en la costa nororiental.
Podría ser un ejemplar de este tipo de ballena, de tamaño grande (más de los 14 metros promedio).
Megaptera novaeangliae
Nombres comunes: Rorcual jorobado, ballena jorobada (humpback whale).
Obviamente el nombre proviene de su joroba. Poseen grandes aletas pectorales. Nacen midiendo unos cuatro metros y los machos alcanzan 15, mientras que las hembras superan poco más de los 16. Llegan a México, a finales del invierno o principios de la primavera, con fines de reproducción. Se concentran en el Archipiélago de Revillagigedo; la costa continental, desde Mazatlán, Sinaloa, hasta el Golfo de Panamá, y las aguas adyacentes al extremo sur de la Península de Baja California.
En el Atlántico se distribuyen en el Mar Caribe. Anteriormente lo hacían en el Golfo de México, pero su caza las obligó a alejarse. No se conocen registros recientes de estas ballenas. Tal vez no sea nuestro objetivo.
CACHALOTES
Las diversas especies de cachalotes se pueden ver en esta lista.
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Clasificación |
Nombre común |
Pacífico Norte |
Mar de Cortés |
Pacífico Tropical |
Golfo de México |
Mar Caribe |
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Physeter macrocephalus |
Cachalote |
X |
X |
X |
X |
X |
|
Familia Kogiidae |
Cachalotes enanos |
X |
X |
X |
X |
X |
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Kogia breviceps |
Cachalote pigmeo |
X |
X |
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X |
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Kogia simus |
Cachalote enano |
X |
X |
X |
X |
X |
Descartamos las tres especies de cachalotes enanos y pigmeos, justamente por el tamaño. Nos queda la ballena de esperma.
Physeter macrocephalus
Nombre común: Cachalote (sperm whale).
La descripción taxonómica del Cachalote es la siguiente: Suborden: Odontoceti; Familia: Physeteridae (Gray, 1821); Subfamilia: Physeterinae (Flower, 1867). Physeter macrocephalus (Linnaeus, 1758); Physeter catodon (Linnaeus, 1758).
Linneo lo clasificó en 1758, denominándolo physeter macrocephalus (Physeter = soplador; macrocephalus = cabeza grande).
Este enorme animal fue confundido durante siglos con las ballenas (misticetos o cetáceos con barbas), posiblemente por su gran tamaño. Sin embargo, pertenece al suborden de los odontocetos o cetáceos con dientes.
Su cuerpo es grande y robusto, aunque compacto o comprimido lateralmente. Recuerda a un gran tronco de árbol, con su piel arrugada como la corteza. Este animal muestra un marcado dimorfismo sexual: los machos adultos llegan a medir 18 metros de longitud, aunque el promedio es de 15, y las hembras, 12 metros. Los primeros pesan alrededor de 45 toneladas, aunque se han registraron animales de hasta 60, y las segundas, 20 toneladas. Ambos sexos nacen con 3.5 a 4.5 metros de largo y una tonelada de peso.
Presentan la piel irregularmente arrugada por toda su superficie, de coloración generalmente oscura, variando desde el marrón hasta el gris pizarra o gris amarronado, de tonos más claros en los individuos jóvenes. De color claro, la región anterior de la cabeza y zona ventral, área alrededor de la boca blanca. Ocasionalmente se pueden encontrar ejemplares albinos. La piel por detrás de la región cefálica tiene la apariencia de estar corrugada.
Su cabeza es cuadrangular y muy voluminosa. Ocupa casi la tercera parte de la longitud total del animal, con la región dorsal aplanada. En su interior se encuentra una depósito enorme que alberga el órgano de espermaceti, que a su vez contiene una cera o aceite especial cuya función es la de tanque de flotación. El cachalote puede calentar o enfriar a voluntad esta cera, con lo que disminuye o aumenta su densidad, lo que facilita la inmersión o emersión del animal. La cavidad también cumple funciones de caja de resonancia para producir sonidos de ecolocalización.
En la antigüedad el aceite de ballena, el llamado “aceite de espermaceti”, era utilizado en la fabricación de velas y lubricantes para maquinaria de precisión. La grasa bajo su piel o “bluber” también se convertía en aceite. Su hígado se procesaba para extraer vitamina A. El “ámbar gris”, sustancia que se forma en el intestino del cachalote para protegerlo de los picos de calamares y sepias, se usaba como fijador de perfumes. También se utilizaba como espasmolítico. Su precio alcanzaba altas cotas. Ése fue el motivo de que en los siglos XVIII y XIX fueran cazadas de manera devastadora. La matanza se detuvo casi al terminar la década de los 70, en el siglo XX.
Es la cabeza lo más impactante del animal. Su tamaño oculta en gran parte la mandíbula inferior, bastante angosta y no alcanza el extremo de la mandíbula superior, por lo que es poco visible. El hocico es redondeado, y se extiende hasta 1.5 m del extremo anterior de la mandíbula inferior. Sólo la mandíbula inferior es dentada, presentando de 36 a 50 dientes de marfil gruesos y cónicos que alcanzan hasta los 20 cm de altura, y de hasta un kilogramo de peso cada uno; al cerrarse la boca estos encajan con unos alvéolos presentes en el maxilar superior que no tiene dientes visibles, pero sí vestigiales, embebidos en las encías.
Los dientes del maxilar inferior aparecen con la madurez sexual de animal. Dado que no mastican la comida y que en las hembras aparecen en menor número, algunos científicos creen que los dientes son útiles en las peleas entre machos, dejando notorias cicatrices en las cabezas. Esto se observa en los machos de mayor tamaño. Pero seguro que los dientes también les sirven en sus actividades predatorias. El cachalote abre el hocico en un ángulo recto con la cabeza, y de esa manera, consigue atrapar mejor a sus presas, principalmente calamares y pulpos. Varios relatos hablan de encuentros con el calamar gigante del género architeutis. Marinos de un ballenero ruso dicen haber presenciado, en 1965, una batalla entre un enorme calamar y un cachalote de 40 toneladas.
Los marinos extraían los dientes y hacían artesanías con el marfil, grabándolo con la técnica scrimshaw.
El cachalote presenta un orificio respiratorio, el espiráculo, normalmente en la región anterior, y ubicado del lado izquierdo, sobre una pequeña elevación. El espiráculo adopta una forma de S cuando está cerrado. De él surge un soplo hacia la izquierda y delante, en un ángulo de 45º, de alrededor de cinco metros de alto. El cachalote es fácil de identificar por su soplido, ya que la situación del espiráculo hace que el soplido sea característico, bajo y dirigido hacia delante y hacia la izquierda.
Tienen una pequeña aleta dorsal (giba), de forma triangular o redondeada, poco definida, situada en el tercio posterior del cuerpo. Detrás de esta aleta se pueden ver una serie de cuatro o cinco pequeñas jorobas que terminan en el pedúnculo caudal. En la parte inferior de este pedúnculo a menudo aparece una quilla gruesa. El 85% de las hembras poseen callos en la región de la giba, los machos no.
La aleta o pedúnculo caudal es ancha y triangular, muy flexible, y tiene una muesca central bien definida, que separa dos lóbulos muy anchos y de forma triangular. Esta aleta mide cinco metros de un extremo al otro. La forma de la caudal, así como las distintas marcas y muescas presentes en la misma, son distintivas de cada individuo, por lo que se suele utilizar este rasgo para su identificación.
Las aletas pectorales son cortas, pequeñas y redondeadas con forma de paleta. Los flancos presentan pliegues u ondas longitudinales característicos. Posee el mayor cerebro del planeta, de nueve kg. de peso.
COMPORTAMIENTO DEL CACHALOTE
La especie es poligínica: un macho se aparea con varias hembras. El invierno es la época de reproducción. Los machos compiten entre sí por las hembras. El apareamiento se produce en aguas tropicales. La gestación dura de 14 a 16 meses. Sólo tienen una cría cada cuatro o cinco años. El nacimiento se produce en los meses de verano. La lactancia dura dos años, aunque se cuenta con un caso, bien documentado, de lactancia de 15 años.
La madurez sexual se alcanza a los 18-19 años en los machos, y a los 7-12 en las hembras. Pero no empiezan a reproducirse hasta los 20-21. Viven en promedio unos 70 años.
Estos animales se asocian en distintos grupos:
- Una manada, que conforma la guardería en la que agrupan las hembras, las crías y los machos inmaduros. Los grupos suelen ser de hasta 50 individuos. Viven en aguas tropicales (de 45° S a 45° N).
- Los machos jóvenes, que fueron expulsados de la guardería, y que viven en latitudes más altas y con mayor alimento.
- Los machos maduros, que sólo se acercan a la manada guardería en el invierno, para aparearse.
- Los machos más viejos son solitarios y viajan más hacia las aguas frías (70° S y/o 70° N).
Debido a sus hábitos alimentarios, prefieren las aguas profundas de los océanos o las fosas. Es el mejor buceador de los mamíferos marinos: es capaz de realizar inmersiones superiores a una hora (el récord es de dos horas con 18 minutos, de un macho adulto), a profundidades de mil 200 metros. Allí vive su presa principal: el calamar gigante de más de diez metros de longitud. Existe evidencia indirecta de que el cachalote puede llegar a sumergirse hasta los tres mil 200 metros.
Lo normal es que las inmersiones sean de 35 a 45 minutos hasta profundidades de 600 a 700 metros. Luego de una inmersión profunda, permanecen en la superficie resoplando hasta unas 50 ó 60 veces, durante diez a 15 minutos. Los antiguos balleneros solían decir que por cada 30 cm de longitud respiran una vez en superficie y pasa un minuto bajo el agua en la siguiente inmersión. En esas inmersiones, generalmente eleva la alta caudal fuera del agua.
Se alimenta de varias especies de pulpos y calamares, tiburones de profundidad, rayas y gran variedad de peces, como peces linternas, peces demersales y otros. Ocasionalmente ingieren microalgas, y su alimentación se produce a lo largo de todo el año, tanto de día como de noche.
Los cachalotes usan señales de sonar para localizar el alimento, y se cree que quizás utilicen su sistema de ecolocalización para aturdir a sus presas. Han desarrollado un marcado repertorio de señales sonoras. Emiten “clicks” de baja frecuencia, que actúan como señales de ecolocalización.
Pueden nadar muy despacio, y navegan a unos diez nudos de velocidad, pero pese a su corpulencia pueden alcanzar los 20 nudos si se ven amenazados.
A no dudar, como siempre, el hombre es la mayor amenaza de los cachalotes. A las matanzas realizadas en siglos pasados, se le puede sumar la contaminación. De una población original de tres millones de individuos, quedarían al menos 500 mil cachalotes en todo el mundo, con estimaciones optimistas de casi dos millones.
Las cosas van cambiando poco a poco. La especie fue protegida internacionalmente en 1984. La única caza es la “fotográfica”. El ecoturismo y los viajes de observación, whalewatching, han sustituido a los grandes pesqueros y los arpones.
Existen registros de más de 180 avistamientos en aguas mexicanas del Pacífico. La mayor parte ellos en el Golfo de California. En el Golfo de México se cuentan por miles los avistamientos, durante todo el año.
VARAMIENTOS DE CACHALOTES
Es una de las especies de las que más varamientos masivos vivos se han registrado, en particular en los golfos de California y México.
Recientemente se dio un caso de varamiento en Chile. Un cachalote de unos 12 metros de longitud y cuatro toneladas de peso encalló en Valparaíso, en el sector de Caleta Portales, la madrugada del lunes 20 de julio de 1998.
El animal murió debido a las heridas provocadas por las aspas de una embarcación de gran calado. Presentaba múltiples heridas en su aleta dorsal.
Los efectivos de la Capitanía de Puerto intentaron remolcar mar adentro al animal, pero al llegar a Punta Ángeles, el fuerte oleaje lo arrastró nuevamente hacia la playa (Carvallo, Playa Ancha).
Con mucho trabajo, hasta el 23 de julio, usando la lancha Aconcagua, se le pudo arrastrar hacia el mar, a 15 millas de la costa. Creo que las fotos del cachalote de Chile se parecen mucho a la de Tecolutla. Pero aún hay más.
Podemos ver un cráneo completo de cachalote en la Sala Antártica del MACN. El ejemplar fue capturado por el capitán de navío J. Schwarz y A. Carcelles en 1926, a bordo del buque ballenero factoría noruego Lancing. Si comparamos este cráneo con el que se exhibe en el Museo de Tecolutla, el parecido es impresionante. Indudablemente los dos cráneos (Tecolutla y el del MACN) pertenecen a individuos de la misma especie.
Todavía algo más.
Investigando los varamientos en México, encontré que se han registrado dos de un solo individuo cada uno en la Península de Baja California (Pacífico). En el Golfo de México (Atlántico) se conocen registros de 23 varamientos, dos de ellos en costas mexicanas: uno en Quintana Roo y el otro … en Tecolutla, Veracruz. Finalmente, el monstruo de Tecolutla había sido identificado, plenamente, por investigadores de la UNAM. Sin lugar a dudas se trataba de un cachalote.
Luego, si recordamos la supuesta serpiente de mar con pelos, cadborosaurus willisi, de Heuvelmans, que se encontró dentro de la panza de una ballena de esperma, podríamos suponer que, en realidad, era un feto de cachalote, que se encontraba en la matriz y no en la panza, de la ballena. La imaginación de los marinos, o del propio criptozoólogo, hizo lo demás. Pero tendríamos que preguntar a un biólogo si los “pelos” son una característica de estas ballenas o si existe algo que pueda dar esa apariencia y confundir a los testigos.
Del supuesto cuerno o colmillo de una tonelada, sólo podemos decir que seguramente se trataba de la mandíbula inferior del cachalote, la que posee los dientes de marfil, los que seguramente fueron arrancados para venderlos. El cráneo que se encuentra en exhibición en el museo difícilmente alcanza una tonelada de peso, por lo que dudo mucho que la mandíbula pesara lo que se dice. Ésa es otra parte de la leyenda.
Al final, nuestro monstruo resultó ser un pariente cercano de uno de los monstruos marinos más famosos.
MOBY DICK
“¡Ahí sopla! ¡Ahí sopla! ¡Un lomo como una montaña de nieve! ¡Es Moby Dick!”.
Aunque en la novela de Herman Melville, publicada en 1851, no se menciona el tipo de ballena, se cree que la descripción de “la ballena blanca” que vieron los marinos del Pequod, dirigido por el capitán Ahab, de haber existido, se ajusta más a la de un cachalote albino. La novela da una idea totalmente equivocada sobre la voracidad de las ballenas.
Al igual que la novela de Melville, la investigación del caso del monstruo de Tecolutla me llevó a explorar zonas desconocidas, a hacer viajes maravillosos y experimentar grandes aventuras. Prometo que lo volvería hacer.
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NOTAS
(1) Heuvelmans, Bernard. “Le Grand serpent de mer”. Plon. París. 1965.
(2) La primera inauguración se dio poco después de la aparición del “monstruo de Tecolutla”, en 1969. El museo se hizo ex profeso para guardar los restos del ser. Poco después, por falta de recursos, el museo tuvo que cerrar sus puertas. El 12 de noviembre de 1988 se reinauguró, pero se volvió a cerrar al poco tiempo.
(3) Llamado el azar, no vayan a pensar que este escéptico cree en Dios.
(4) Poza Rica se encuentra a unos 50 kilómetros de Tecolutla.
(5) El 5 de octubre de 1999 la zona sufrió la más terrible tragedia de que tenga registro. Una enorme inundación cubrió el pueblo con más de dos metros de agua. Cientos murieron, casi la mitad perdió por completo sus casas. Todos perdieron la mayor parte de su patrimonio (coches, aparatos eléctricos, archivos y papeles importantes).
(6) La noticia llegó a Tecolutla a las 11 a.m.
(7) A partir de 1975, nos dice don Alejandro, ha disminuido el número de tiburones en la zona.
(8) Estos camiones se utilizan para las diversas actividades de PEMEX. En ese día en particular, son usados como carros alegóricos para transportar a los participantes del desfile, reinas del festival incluidas. Este dato me hace suponer que el día correcto fue el 18 de marzo. Ese día se celebra la “Expropiación Petrolera”, y siendo Poza Rica la zona petrolera más antigua del país, los festejos son en grande en la ciudad. Probablemente don Alejandro se dirigía a la ciudad para ver el desfile de carros alegóricos.
BIBLIOGRAFÍA
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http://www.greenpeace.org.mx/php/doc.php?
f=bi_b_mexicanas.xml
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Bernard Heuvelmans

Maqueta de cadborosaurus.
©Jeff Johnson

El halshippus olaimagni. © Megaraptor

El monstruo de Tecolutla, según Megaraptor.
© Megaraptor.

El monstruo de Tecolutla al momento en que es izado a uno de los
camiones de PEMEX

Al frente del balcón de su casa, don Alejandro Salas nos contó la
historia del animal que en 1968 encalló cerca de ahí. La extraña figura
en la maceta es un cacto, no el monstruo. Al fondo se ve la rivera
contraria del río Tecolutla. Unos diez kilómetros más allá fue en donde
varó el monstruo.





Los dibujos de don Alejandro, que se encuentran en el Museo Marítimo de
Tecolutla, nos relatan la historia del monstruo de una manera sencilla e
impactante.

En las fotografías del monstruo del Zuiyo Maru se pueden ver parte de
los ¿cartílagos? o fibras colgantes, que pueden hacer suponer la
presencia de “pelos”. ¿Fue esto lo que se vio en Tecolutla?

Cráneo y maxilar superior de una ballena. ¿Algo como esto fue lo que
confundieron con el famoso cuerno?

Restos de la ballena piloto, en el Museo de Tecolutla.
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Imagen del mayor ámbar gris encontrado, obtenido en 1954 por un barco
ballenero





Cráneo y mandíbulas (superior e inferior) de cachalote en el MACN.

Cráneo y mandíbula superior del “monstruo de Tecolutla”.