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Estigmas, sólo, ¿cuestión de Fé?
Investigación: Elizabeth Ramírez / Rancagua, Chile.
Trato da http://www.acusticavisual.org
Los estigmas, un tema tan apasionante como polémico.
En la siguiente investigación, que muy amablemente Eli Ramírez, amiga y gran colega investigadora, desde Chile, nos envía el presente documento especialmente para laesferaazul.com en el que profundiza sobre este tema, para reflexionar sobre el mismo, sobretodo, en tiempos dónde se explota desafortunadamente esta temática con tanto amarillismo y con tan poca ética profesional.
Conozcamos entonces esta muy valiosa investigación, para así, saber más de cerca y a fondo, así como históricamente y a los auténticos protagonistas de los mismos, el fenómeno de los estigmas.
Al primer santo de la historia que se le ha podido comprobar el fenómeno de los estigmas fue a San Francisco de Asís en 1224, dos años antes de morir. Sus estigmas eran de una clase que no se ha vuelto a ver posteriormente: en las heridas de manos y pies se hallaban raspaduras de carne en forma de clavos. Los de un lado tenían cabezas redondas; los del otro tenían puntas largas, que se doblaban para arañar la piel. La humildad del santo no pudo impedir que muchos de sus hermanos hayan sido testigos, con sus propios ojos, tanto en vida del santo como después de su muerte, de la existencia de heridas tan maravillosas. Ese hecho ha sido atestiguado por varios historiadores contemporáneos, y la fiesta de los Estigmas de San Francisco se celebra el día 17 de septiembre. Desde entonces que cada manifestación divina en donde existe un interlocutor entre los hombres y Dios, dependiendo del grado de su misión, ha tenido que sufrir los tan desgarradores “estigmas”. El último estigmatizado actual que se conoce es el Padre Pío de Pietrelcina. En la historia cristiana se han dado aproximadamente unos 250 casos de personas con estigmas, en la mayoría de los fenómenos con comprobación científica.
Mucho se habla de los estigmas, pero poco en verdad se sabe o llega a entender. Estos signos, (marcas) son el misterio de la resurrección de Jesús, el Evangelio muestra cómo no han desaparecido sus llagas, después de su muerte, representando con ello un signo de lo que sufrió durante su pasión, y por tanto constituyendo un dato teológico e histórico en el que definitivamente hay que profundizar mucho más, para poder comprender.
Recordemos un poco: “Jesús al entrar en el Cenáculo con las puertas cerradas y saludar a los discípulos, muestra los estigmas para identificarse. A santo Tomás le dice: «Mete tu dedo en mi costado». La consternación y admiración de los apóstoles es un hecho tremendamente revelador de este misterio”. Este fenómeno no sólo muestra la eficacia de la salvación de Cristo en la Cruz, sino además constituye la prueba de su divinidad.
Los estigmas son un signo histórico de espiritualidad y de la mística occidental. Las investigaciones realizadas a las personas que han sufrido este fenómeno, en su gran mayoría santos, han arrojado como resultado el carácter de configuración e imitación de Jesús, que surge de la intensa relación personal que han mantenido con él estas personas. Sin embargo, se ha analizado muy poco el papel que estos santos y beatos han desempeñado en la Iglesia. No se ha reflexionado suficientemente en la misión particular que está ligada a los estigmas.
¿Cuál es la explicación científica de estos hechos? "La ciencia no tiene todavía una explicación". Se sabe que en las experiencias sufridas tanto por el padre Pío, como por San Francisco de Asís, sufrieron estigmas de crucifixión después de haber pasado por estados de éxtasis.
Algunos médicos han sostenido que las heridas pudieron haber sido causadas de modo natural por la sola acción de la imaginación, atadas a emociones muy vivas.
La doctora Alejandra Mariño, especialista en dermatología, señala que el libro Dermatología en Medicina General, de Fitzpatrick, considera los estigmas como una entidad patológica denominada púrpura psicógena, y los incluye como caso extremo dentro de una larga serie de afecciones de la piel que poseen un desencadenante psicológico. Estas enfermedades cutáneas van desde la alopecía areata, psoriasis, verrugas, pruritos y eczemas causados por el stress, hasta la denominada dermatitis manipulativa o artefacta, en la que los pacientes se provocan lesiones como escoriaciones y úlceras.
"En algunas enfermedades de la piel el trastorno psicológico de base es muy importante, como en la dermatitis manipulativa. Estos pacientes por lo general son psicóticos [1] -explica Mariño, y agrega-: Otro ejemplo es el delirio de los parásitos, en el que los pacientes refieren tener el cuerpo infestado de parásitos, o insectos, y tienen escoriaciones [2] múltiples en su intento por sacárselos de encima. Estos pacientes requieren tratamiento psiquiátrico pero, por lo general, no reconocen que necesitan ayuda de este tipo".
En cuanto a los estigmas, el libro de Fitzpatrick señala: "El fenómeno más dramático e interesante es la aparición de estigmas en las manos y en los pies de los fanáticos religiosos, principalmente en época de Pascuas. Esta entidad se denomina síndrome de púrpura psicógena, y el pilar fundamental del tratamiento es el apoyo psiquiátrico". El libro remite a los estigmas de San Francisco y los diagnostica como "púrpura psicógena".
"La púrpura consiste en hemorragias en el nivel de la piel, lo que se denomina extravasación sanguínea", define la doctora Mariño. Estas hemorragias pueden ser puntiformes, alargadas, o en forma de moneda.
La doctora Mariño, que trabajó durante muchos años en el Hospital de la Princesa de Madrid, España, tuvo ocasión de ver pacientes que decían "haber visto a Cristo" y presentaban ampollas sangrantes en las manos y los pies. "Dermatológicamente se trata de aliviar los síntomas. En caso de prurito o picazón, se dan antihistamínicos. Se indica un tratamiento local de acuerdo al tipo de lesión, por ejemplo antisépticos locales o cremas con antibióticos para evitar la infección -explica Mariño, y enfatiza-: Pero es fundamental el tratamiento psiquiátrico, que se hace difícil porque estos pacientes no admiten que necesitan ese tratamiento".
Por otro lado el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, en sus Obras Completas, considera el estigma como síntoma. La palabra, etimológicamente, significa "marca en el cuerpo". Desde la perspectiva de la psiquiatría se trataría de un síntoma histérico. Así como puede producirse una congestión de sangre en las mejillas por cuestiones psicológicas, también podrían producirse esas heridas sangrantes denominadas estigmas.
El estigma, es considerado como síntoma, posee una connotación negativa, algo dañino para el cuerpo. En cambio, en los relatos de los que los han padecido, dichas heridas no tenían características negativas. Por el contrario, eran una señal de santidad. Los relatos narran que los médicos no lograban curar esas heridas con remedios, y que "a veces las llagas emitían aromas exquisitos".
Nunca nadie ha afirmado que la imaginación puede producir heridas en un sujeto normal. Es verdad, sí, que dicha facultad puede actuar ligeramente en el cuerpo. Como dijo Benedicto XIV, ella puede acelerar o retardar las corrientes nerviosas, pero no hay constancia de su acción sobre los tejidos. El fenómeno se torna aún más difícil en individuos en condición anormal.
En lo que se refiere al flujo de sangre, se ha objetado que se han dado casos de sudor sanguíneo, pero el Dr. Lefebvre, profesor de medicina en Lovaina, ha respondido que tales casos, habiendo sido examinados por médicos, resultaron ser originados por enfermedades específicas y no por causas morales religiosas. Se ha probado a través del examen en el microscopio, que el líquido rojo que se exuda no es sangre. Su color se debe a una sustancia particular y no procede de ninguna herida, sino que se debe, como el sudor, a una dilatación de los poros de la piel. Se puede argumentar que minimizamos indebidamente el poder de la imaginación, ya que ésta, unida a una emoción, puede producir sudor y, así como la simple idea de tener un caramelo en la boca produce abundante salivación, también los nervios, influenciados por la imaginación, pueden producir la emisión de un líquido y éste puede ser sangre. La respuesta a eso es que en las circunstancias mencionadas existen glándulas (sudorífera y salival) que en su estado normal segregan un líquido especial y es fácil comprender que la imaginación puede causar dicha secreción; pero los nervios adyacentes a la piel no terminan en glándulas que emitan sangre, y sin tal órgano no pueden producir el efecto en cuestión. Lo que se ha dicho de las heridas de los estigmas se aplica por igual a los sufrimientos. No hay prueba alguna experimental de que la imaginación pueda producirlos, especialmente en su forma violenta.
Otra explicación de tales fenómenos es que los pacientes se causan las heridas a si mismos, ya fraudulentamente, ya en estado de inconsciencia, durante ataques de sonambulismo. Sin embargo los médicos han tomado las debidas precauciones para prevenir esas causas de error, procediendo muy estrictamente, sobre todo en los tiempos modernos. En ocasiones, el paciente ha sido observado día y noche; en otras, se le han cubierto las extremidades con vendas selladas. El Sr. Pierre Janet colocó el pie de un estigmatizado en un zapato de cobre que poseía una ventana a través de la cual se podía observar la herida sin permitir que nadie la tocara.
En otros casos se ha trabajado con el hipnotismo, el cual no ha producido resultados claros. A lo mucho, y en casos extremadamente raros, ha inducido cierta exudación o un sudor más o menos coloreado, lo cual no constituye más que una muy imperfecta imitación. Aún más, no se ha ofrecido explicación alguna para tres factores presentes en los estigmas de los santos:
1.- Los médicos no logran curar las heridas con remedios.
2.- A diferencia de las heridas naturales de cierta duración, las de los estigmatizados no emiten olores fétidos. Hay una sola excepción conocida: Santa Rita de Casia había recibido en su frente una herida causada por una espina arrancada de la corona del Crucificado. Aunque su olor era insoportable, la herida nunca supuró ni causó ninguna alteración mórbida de los tejidos.
3.- A veces las heridas emitían aromas exquisitos, como en los casos de Juana de la Cruz, priora franciscana del convento de Toledo, y la Beata Lucía de Narni.
Creo que la única manera de probar científicamente que la imaginación, o sea la autosugestión, puede causar los estigmas, es que se produzcan heridas no relacionadas con una idea religiosa. Nunca se ha sabido de este hecho.
Por otro lado el psiquiatra francés Pierre Marchais, en su libro Magia y mito en psiquiatría, señala que existe una psicopatología religiosa, y que los científicos siempre se han mantenido escépticos frente a esta cuestión. Y si bien no tienen una explicación racional del fenómeno, dejan siempre un margen de duda. La mayoría de los psiquiatras franceses incluye estos fenómenos entre la histeria y los delirios, señala López Geist.
En resumen lo que la ciencia nos plantea es que existiría un carácter de empatía entre el sufrimiento y la sugestión. Es decir, que estas personas de características especiales las uniría un fanatismo religioso y una capacidad para inmolarse por sus creencias. Es decir, sería el resultado de querer manifestar, en lo real, aquello que es sólo simbólico. Lo que no puede expresarse por la palabra termina siendo expresado por el cuerpo.
Ahora resulta interesante ver, en que momento estas personas sufren los llamados estigmas, no todos los tiene en períodos de Pascua. Veamos pues, el caso conocido por todos de San Francisco de Asís. Él recibió los estigmas cuando todos sus proyectos de santidad --fundación de la Orden, aprobación de la regla primitiva, viaje a Palestina-- habían fracasado. Se encuentra solo y abandonado. La asimilación de los sufrimientos de Jesús que vive en carne propia le consuela, pero al mismo tiempo el sufrimiento de los estigmas se convierte en un bien para su Orden y en un mensaje para toda la Iglesia.
Otros conocidos personajes de la historia religiosa han sufrido también los estigmas de Jesús, que pueden ser denominados como conexión directa con Dios. Entre ellos destacan:
Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607), carmelita.
Santa Catalina de Siena (1347-80), una terciaria dominica.
Santa Catalina de Ricci (1522-89), dominica.
Santa Gemma Galgani (fallecida en 1913)
Santa Lugarda (1182-1246), una monja cisterciense.
Santa Margarita de Cortona (1247-97).
Santa Gertrudis (1256-1302), una benedictina.
Santa Clara de Montfalco (1286-1308), una Agustina.
Santa Angela de Foligno (fallecida en 1309), una terciaria franciscana.
Santa Liduvina (1380-1433).
Santa Francisca Romana (1384-1440).
Santa Coleta (1380-1447), franciscana.
Santa Rita de Casia (1386-1456), Agustina.
Beata Osana de Mantua (1499-1505), terciaria dominica.
Santa Catalina de Génova (1447-1501), terciaria franciscana.
Beata Bautista Varani (1458-1524), clarisa Pobre.
Beata Lucía de Narni (1476-1547), terciaria dominica.
Beata Catalina de Racconigi (1486-1547), dominica.
San Juan de Dios (1495-1550), fundador de la Orden de la Caridad.
Beata María de la Encarnación (1566-1618), carmelita.
Santa Maríana de Jesús (1557-1620), terciaria franciscana.
San Carlos de Sezze (f. En 1670), franciscano.
Santa Margarita María Alacoque (1647-90), vidente de las apariciones del Sagrado
Corazón de Jesús y sus promesas, visitandina (que únicamente tenía la corona de espinas.
Santa Verónica Giuliani (Julianis) (1600-1727), capuchina.
Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715-91), terciaria franciscana.
Marthe Robin (mística francesa fallecida en 1981 de quien se están estudiando sus escritos antes de emprender el proceso de beatificación). Debemos señalar que Marthe Robin se ha hecho conocida después de que el famoso escritor Jean Guitton escribiera el libro «El viaje inmóvil» .Durante cuarenta años esta mujer estuvo sin moverse en su lecho. Debemos también añadir que al igual que Gemma Galgani y Pio de Pietrelcina, ha dado vida a muchísimos grupos de espiritualidad y oración en todo el mundo.
Durante el siglo XIX, los estigmatizados más famosos fueron:
Catalina Emmerich (1774-1824), monja agustina, Alemana.
Beata Isabel Canori Mora (1774-1825), terciaria trinitaria. Esta es una vidente italiana de las tribulaciones de los últimos tiempos de la Iglesia, que fue favorecida con los dones de la visión y de la profecía, además recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo.
Anna María Taigi (1769-1837) Veía los pensamientos más secretos de las personas presentes o ausentes; los acontecimientos de los siglos pasados, y la vida que llevaban los más importantes personajes. Podría decirse que este don era omnisciente, era el conocimiento de todas las cosa en Dios, en la medida que la inteligencia humana es capaz de conocerlo en esta vida.
María Dominica Lazzari (1815-48).
María de Moerl (1812-68). A la edad de veinte años comenzó a experimentar éxtasis y ellos fueron su condición habitual durante los siguientes treinta y cinco años de su vida. Ella únicamente se liberaba de esa situación ante las órdenes, en ocasiones simplemente mentales, del franciscano que fungía como su director espiritual, para volver a las labores hogareñas de su casa que albergaba a una gran familia. Su actitud ordinaria consistía en arrodillarse sobre su cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, con una expresión tal en el rostro que impresionaba profundamente a los espectadores. A los veintidós años recibió los estigmas. Los jueves por la tarde y los viernes, los estigmas derramaban sangre muy clara, gota a gota, que permanecía seca los demás días. Miles de personas vieron a María de Moerl, sufrir este fenómeno.
Luisa Lateau (1850-83), franciscanas. Las gracias que recibió fueron cuestionadas incluso por algunos católicos, que generalmente se basaban en información incompleta o errónea. A los diecisiete años se dedicó a atender a los enfermos afectados de cólera en su parroquia, quienes habían sido abandonados por la mayoría de la población. Durante un mes ella los cuidó, los enterró y, en ocasiones, hasta los hubo de cargar al cementerio. A los dieciocho años empezaron los éxtasis y aparecieron los estigmas, lo cual no impidió que siguiera manteniendo a su familia con su trabajo como costurera. Numerosos médicos fueron testigos de sus dolorosos éxtasis de los viernes y dejaron testimonio del hecho que durante doce años ella no tomó ningún alimento, excepción hecha de su comunión semanal. Le bastaban tres o cuatro vasos de líquido a la semana. En vez de dormir, pasaba las noches en oración y contemplación, hincada a los pies de su cama.

Catalina Emmerich (1774-1824), monja agustina, Alemana.
En el Siglo XX, el más conocido por todos San Pío de Pietrelcina “El Padre Pío”, (1887-1968), capuchino italiano. Pero nombraremos además a;
Sor Elena Aiello (desconocido – 1961), conocida en Roma como "La Monja Santa", Fue Madre General y Fundadora de las hermanas mínimas de la pasión de Nuestro Señor, estigmatizada de modo excepcional y víctima por la humanidad. Fue estimada y consultada con frecuencia por el Papa Pío XII, reconociendo en ella dotes de abnegación, caridad y profecía. Su vida está escrita en el libro de Francisco Spadafora: "Sor Elena Aiello, La Monja Santa", Citta Nuova Editrice, Roma, 1964.
María Julia Jahenny (1850-1941). Esta es la estigmatizada de mayor edad de los tiempos modernos, de origen Francés. Poseía discernimiento de personas y objetos consagrados. Tuvo en alto grado el don de profecía, que se manifestó principalmente en sus visiones sobre los últimos tiempos y la venida del anticristo.
Teresa Musco (1943-1976) estigmatizada y tratada por teólogos y psiquiatras de fama constatada. Murió a los 33 años de edad como había profetizado repetidamente. Durante su vida tuvieron lugar en su persona y casa una serie de fenómenos extraordinarios, tales como la estigmatización, lacrimaciones de sangre en imágenes de su devoción, de un Niño Jesús, del Sagrado Corazón; existen fotografías de estos fenómenos y testimonios de doctores y analistas que confirman su realidad y alejan toda posibilidad de manipulaciones y superchería.
Y no debemos olvidar a Teresa Neumann, nacida en 1898, campesina bávara, quien vivió durante 36 años alimentándose exclusivamente de la hostia consagrada que comulgaba todos los días a las seis de la mañana. Su peso normal, 60 kilos de una tez sonrosada, y un carácter bromista y alegre. Revivía durante todos los fines de semana la pasión de Cristo y el sangramiento de estigmas durante 36 años. Tuvo las heridas del Señor en manos, pies, y costado. Comenzaba a sangrar por los ojos y luego por las manos, pies y costado, ¡hasta 2 litros de sangre en un éxtasis!... y cuando pasaba el éxtasis, no le quedaban ni señales de heridas, ¡la piel como de una niña!... El Presidente Eisenhower fue a visitarla, así como muchos Obispos y Cardenales. Falleció en 1962 donde había nacido, en Koennersreuth, Babaria, cerca de Munich, Alemania.

Teresa Neumann
Para tratar de entender lo que experimentan estas personas con el sufrimiento de los estigmas debemos decir que, los inunda un sentimiento ambiguo entre alegría y dolor. Los receptores de los estigmas consideran esto como una inmensa gracia divina, de la cual no se sienten dignos. De hecho piden al Señor que se la quite, pues se avergüenzan. Esta actitud es evidente en el padre Pío. El beato de Pietrelcina muestra claramente cuál es la misión de quien lleva los estigmas. El padre Pío funda grupos de oración y la Casa de Alivio del Sufrimiento (un gran hospital), realizando una obra concreta para aliviar los sufrimientos físicos. Además, a través de la oración, profundiza en la capacidad de intercesión de las personas unidas a quien padece los estigmas que renueva el mundo, lo salva y lo protege.
Pero al hablar de estigmas no debemos dejar de mencionar que tenemos dos clases de manifestaciones, los estigmas visibles e invisibles. Por ejemplo, en aquellas personas que llevan en su cuerpo señales de llagas, heridas sangrantes, manos y pies las heridas de los clavos que padeció Cristo en la crucifixión; en el costado, mostrando las huellas del flagelamiento, y en las sienes, las heridas producidas por la corona de espinas, se denominan estigmas visibles. En cambio en aquellos que sólo han mostrado los sufrimientos sin mostrar evidencias físicas de éste, se les denomina estigma invisible.- Podemos agregar que tanto santa Catalina de Siena, como santa Catalina de Ricci, un monja dominicana florentina del siglo XVI, comenzaron teniendo estigmas visibles, pero mediante la constante oración, suplicaron a Dios para que los transformara en invisibles debido a que se consideraban indignas de tal gracia.
Si quisiéramos saber ¿por que y a quienes se les da el padecimiento de los estigmas? debemos decir que la respuesta podría estar en el carácter de la misión encomendada.
Los estigmas son como un signo profético, un llamado a recordar a los hombres las cosas esenciales de la Fe, es decir, la unión y salvación que Cristo nos entrega mediante el padecimiento de sus llagas, que sería la señal evidente de que nos ha rescatado. La finalidad de los estigmas entonces, sería el sufrimiento, sentir piedad por Cristo, para entender de las aflicciones y dolores que padeció, con el fin de ayudar a expiar los pecados del mundo.
La vida de los estigmatizados es una larga cadena de dolores que nacen de la divina enfermedad de los estigmas y que sólo concluyen con la muerte. No se tiene conocimiento de ninguno antes del siglo XIII.
Pensemos
que en cierto sentido, todos nosotros llevamos los estigmas, pues con el
bautismo estamos sumergidos en la vida de Cristo, que nos permite participar
en el misterio pascual de su muerte y resurrección. Podemos llevarlos con
espíritu de fe, esperanza, valentía y fortaleza, estas llagas, que pueden
ser purulentas y que no cicatrizan nunca, pueden servir para curar a los
demás.
En definitiva, los estigmas representan la aceptación consciente de la Cruz
vivida espiritualmente por los hombres.
1.- Psicosis: Es un desorden mental severo que se manifiesta en comportamiento, reacciones e ideas anormales. La persona no es capaz de enfrentarse con las demandas de su medio ambiente. Una persona psicótica difiere de la persona neurótica en que esta última ha tenido éxito en realizar un ajuste a su medio ambiente, la naturaleza de este ajuste consistiendo generalmente en la neurosis.
2.- Escoriaciones: excoriación, Desolladura, herida superficial de la piel, rasguño.
Elizabeth Ramírez.-
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